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1.         Los orígenes de la industrialización en Andalucía
1. Factores de la industrialización andaluza

La revolución industrial, que había tenido su origen en Inglaterra durante las últimas décadas del siglo XVIII, alcanzó España concluido el primer tercio del siglo XIX aunque su gran impulso se produjo en la década comprendida entre 1840 y 1850. Inicialmente Andalucía se mantuvo a la cabeza del proceso industrializador, debido a la confluencia de una serie de factores favorables:

  • Alto crecimiento demográfico, por encima de la media española.
  • Estrecha y antigua vinculación comercial con el Reino Unido a través de Gibraltar, del comercio de los puertos de Cádiz y Málaga y por la presencia de un importante grupo de industriales británicos en Sevilla y Jerez de la Frontera.
  • Relación tecnológica con el Reino Unido: a Cádiz llegaron algunas de las primeras máquinas de vapor de Watt a fines del siglo XVIII.
  • Grandes recursos mineros, especialmente de minerales de plomo, cobre e hierro.
  • Acumulación de capitales, provenientes de la agricultura.
  • Mano de obra barata y abundante, proletarizada por el fracaso de la desamortización, para la creación de una clase media propietaria y rural.
  • Notable burguesía comercial, avanzada en ideas, fundamentalmente establecida en Cádiz y en Málaga.

Sin embargo, a pesar de unas expectativas iniciales muy prometedoras, la industrialización en Andalucía fue desequilibrada: dispersa en pequeños núcleos muy separados entre sí, prematura y no respondió a las necesidades reales del mercado.
2. La primera industria siderúrgica y textil andaluza

Las primeras iniciativas industrializadoras del siglo XVIII se vieron frenadas por la inestabilidad propiciada por la guerra de la Independencia, por el estancamiento que representó el reinado de Fernando VII y por el negativo impacto de la pérdida de las colonias americanas sobre el comercio. Superadas estas dificultades a partir de los años treinta, se asistió a una primera industrialización, que comenzó por el desarrollo de la siderurgia, coincidiendo con la inestabilidad política en el Norte a causa de las guerras carlistas.

La siderurgia andaluza fue la más importante de España entre 1833 y 1866. Se centró en el eje Málaga-Marbella y en Sevilla y Almería:

  • Eje Málaga-Marbella. En 1826, Manuel Agustín Heredia, exportador de vinos y aceites, junto a otros comerciantes, constituyó en Marbella "La Concepción", fábrica de hierro con tres altos hornos - que fueron los primeros de España -. En 1833 entró en funcionamiento en Málaga "La Constancia", altos hornos que utilizaban el método de afinación inglesa. Hacia 1840, Heredia era el primer industrial siderúrgico español. Juan Giró creó en Marbella en 1841 la ferrería "El Ángel", con tres altos hornos para hierro colado.

Sevilla. En 1840, Narciso Bonaplata levantó en El Pedroso la fundición "San Antonio", y en la capital se crearon los talleres mecánicos de "Portilla Hnos.. & White" en 1857.

  • Almería La entrada en funcionamiento de la ferrería San Ramón en La Garrucha fue la última de un conjunto de pequeñas industrias siderúrgicas.

A partir de 1862, con el cierre de la fundición de "El Ángel", sobrevino la decadencia. El empleo de carbón vegetal como combustible había esquilmado los bosques mediterráneos costeros. El carbón asturiano que comenzó a reemplazarlo no era competitivo. Además, al mismo tiempo la siderurgia del norte, con un carbón barato, experimentó un vertiginoso crecimiento. El hierro andaluz, con un alto coste de combustible, dejó de ser rentable y las fundiciones se vieron abocadas al cierre.
La industria textil andaluza presentó a partir del segundo tercio del siglo XIX un amplio crecimiento, favorecido por el arancel de 1841, que prohibía la importación de paños extranjeros para facilitar la creación de una industria pañera nacional. La manufactura textil andaluza incorporó la mecanización en los sectores tradicionales - lana y lino - y desarrolló un moderno sector algodonero, dependiente del consumo interno En Antequera se desarrolló una importante industria lanera y en Málaga se instalaron varias fábricas de telas de algodón promovidas por las familias Heredia y Larios, como la "Industria Malagueña" -fundada en 1846- que al comienzo de los años sesenta era la segunda industria algodonera "a la inglesa" de España. En Cádiz se formó en 1846 la "Empresa Gaditana de Hilados y Tejidos del Algodón al Vapor", propiedad de miembros de destacadas familias burguesas locales, y que daba trabajo a
250 operarios.

La industria textil andaluza vivió su etapa de mayor esplendor hacia mediados de siglo, pero la falta de mercado exterior, lo reducido de su demanda interna y las crisis económicas de la segunda mitad del XIX la condujo a una decadencia a partir de los años ochenta.
3. Otras industrias

Durante el siglo XIX pervivieron en Andalucía industrias tradicionales como los curtidos, los vinos, los aceites y la molienda de cereal.

La elaboración del vino en la comarca de Jerez se adaptó a los nuevos modos de producción  industrial, sin abandonar la esencia de los métodos tradicionales. La  producción aumentó al tiempo que las trabas administrativas se reducían, con medidas  como la abolición del gremio de vinateros en 1834. A partir de ese momento la producción se concentró en grandes bodegas. Al verse Francia afectada por la filoxera el sector vitivinícola jerezano vivió un momento de expansión, entre 1868 y 1892, aunque la llegada de la plaga a España provocó una crisis pasajera.

La industria azucarera se concentró en Granada. Las fábricas de azúcar a partir de la caña y, posteriormente, de la remolacha, tuvieron gran importancia en la costa y en la vega. A principios del siglo XX esta industria se extendió por varias poblaciones de la región.

La industria naval gaditana había tenido un origen militar. Al centro de reparaciones y construcciones militares del Arsenal de la Carraca se sumaron en 1870 los astilleros de Matagorda -Puerto Real, propiedad de la compañía Trasatlántica- y los de Cádiz -1891, de la Dad. Vea Murguía-.


4. La minería andaluza en el siglo XIX

Andalucía había sido desde la Antigüedad una región minera. Su riqueza en minerales metálicos de plomo, cobre e hierro fueron conocidos por todas las civilizaciones históricas.

Las leyes de minas del siglo XIX supusieron la desamortización del subsuelo. La Ley Minera de 1868 facilitó las concesiones, que podían ser realizadas por los gobernadores civiles de las provincias con carácter perpetuo. A partir de ese momento los concesionarios pasaron a ser los verdaderos y únicos propietarios de las minas.

La mitad de los capitales invertidos en las minas fueron españoles, aunque las empresas mineras más rentables quedaron en poder de compañías extranjeras -fundamentalmente británicas y francesas- capaces de introducir en Andalucía los modernos sistemas de producción europeos y grandes cantidades de capital. Estas compañías, que se hicieron con la explotación de todos los yacimientos mineros, tuvieron como objetivo sacar los máximos beneficios con la menor inversión y en el menor tiempo posible para surtir a las industrias de los países occidentales. Esto se tradujo en un nuevo colonialismo que creó fabulosos negocios pero que sólo dejó en Andalucía exiguos salarios y graves problemas sociales y medioambientales.

Entre 1861 y 1910 la minería andaluza suministró la octava parte de la producción mundial de plomo, la décima de cobre y la tercera parte de la producción de piritas de hierro y cobre para obtener azufre. En 1910 la minería daba empleo a 50 000 mineros en actividades de laboreo - extracción y lavado o selección del mineral - y a más de 7 000 en funciones de fundición o transformación industrial del mineral, lo que nos proporciona una idea de la importancia de esta actividad económica en Andalucía.

Plomo

La galena andaluza era de una alta calidad, con un tenor de hasta el 80 %. El espectacular aumento de la demanda de este producto en los mercados europeos desató una "fiebre del plomo" que afectó a los ricos yacimientos andaluces.

En la provincia de Almería se pusieron en explotación los filones de la sierra de Gádor, en la que se desplegaron multitud de pequeñas concesiones mineras. Como estaba prohibida la exportación del mineral en bruto, las labores de fundición del plomo se  llevaron a cabo en las cercanías de las minas, en fundiciones artesanales, de tecnología rudimentaria y combustible vegetal - esparto -, conocidas como boliches.

Hacia 1836 se dio una crisis coyuntural del sector del plomo, con una caída de su precio. Los yacimientos de Sierra Almagrera, en el levante almeriense, con filones fáciles de extraer, de gran riqueza y con contenido de plata, se pusieron en explotación. Se erigieron fundiciones modernas, que utilizaban máquinas de vapor y hornos ingleses, propiedad de la burguesía comercial malagueña. Esta fase, de capital autóctono y carente de la tecnología extranjera, se prolongó hasta 1868. La escasa acumulación de capital, la atomización de las explotaciones y el insuficiente espíritu de empresa impidieron el despegue de esta actividad. El plomo, en lingotes de 50 a 60 Kg., se llevaba en carretas hasta la costa, donde se embarcaba en gabarras y desde allí se transportaba a los barcos.

A partir de 1869 se produjo el cambio de la hegemonía del sureste en favor de los yacimientos de Sierra Morena. Este hecho estuvo en relación con la construcción del ferrocarril entre Bélmez y Córdoba en 1873, lo que permitió el abastecimiento de carbón cordobés a la metalurgia de Linares-La Carolina. En esta zona se produjo la progresiva entrada de empresas extranjeras - británicas, francesas y belgas -, que dominaron la producción hasta la primera guerra mundial. Las fábricas de plomo alcanzaron grandes dimensiones y aumentó la producción y los beneficios, cuya mayor parte no fue reinvertida en Andalucía. A partir de 1890 la producción de plomo inició un lento descenso debido al agotamiento de los mejores filones. A partir de 1914 pasó a poder de los españoles por la retirada de capital extranjero.

Durante los primeros años del siglo XX se mantuvo la actividad en el distrito minero de Linares - La Carolina - y creció la importancia de la sierra de Córdoba, ambos en poder de la francesa Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya.

Cobre

El desarrollo de la electricidad en los países industrializados disparó el consumo de este producto. La riqueza de minerales de cobre - piritas cobrizas - de la comarca de Riotinto era bien conocida desde milenios. En 1855 había surgido la francesa Cie. de Mines de Cuivre d'Huelva, participada por los hermanos Pereire. En 1866 alquiló sus instalaciones a la Tharsis Sulphur and Copper Mines Ltd. de Glasgow que construyó el ferrocarril que conectaba el área minera con Huelva para la exportación del metal. A esta empresa se unió la también británica Riotinto Co. Ltd., constituida en 1872, tras la compra al Estado del emblemático yacimiento de Riotinto. Ambas acapararon hasta 1913 el negocio del cobre onubense. En 1913, el 66% del mineral de cobre producido en el mundo provenía de Huelva y las minas y metalurgia del cobre daba empleo a 20.000 personas. Los salarios se mantuvieron muy bajos y la política represiva ejercida sobre los mineros, que impidió la obtención de mejoras, proporcionó unos enormes beneficios que se exportaron en su totalidad lo que no permitió el desarrollo de la comarca.

Otro producto que se extrajo de las piritas de Huelva fue el azufre, muy demandado en Europa para la obtención de ácido sulfúrico.

 

Hierro
El mineral de hierro - carbonatos y óxidos de hierro - conoció un esplendor efímero a fines de siglo. Se llevó a cabo con capitales foráneos, vascos e ingleses. La minería del hierro, concentrada fundamentalmente en Almería, no fue acompañada de una industria metalúrgica asociada - como en el plomo - sino que el hierro se exportó en bruto o sometido a un proceso previo en hornos de calcinación para aumentar la pureza de los minerales. El gran volumen de estos y su escaso valor propiciaron la mecanización de su transporte hasta la costa, en la que era recogido en barcos. Para ello se construyó una importante infraestructura ya que los yacimientos se encontraban en el interior: líneas de ferrocarril, cables mineros y embarcaderos. El apogeo de la demanda del hierro se dio entre 1890 y 1914.

Carbón

El carbón de Villanueva del Río - Sevilla -, cuyas primeras galerías se abrieron en el siglo XVIII, abasteció a los altos hornos de El Pedroso pero más importante fue la cuenca hullera cordobesa del Guadiato, en Sierra Morena, que alcanzó un gran auge durante la segunda mitad del siglo XIX. Esta llegó a ser considerada como la mayor explotación carbonífera de Andalucía. Por ella se interesaron los Heredia, Loring y Larios, a la búsqueda de carbón para sus siderurgias malagueñas.
5. El ferrocarril, la banca y el comercio exterior

Los ferrocarriles andaluces estuvieron condicionados por el trazado radial determinado por la legislación nacional y por las necesidades de la exportación de productos agrícolas y mineros. El 23 de septiembre de 1829, José Díaz Imbrechts obtuvo del gobierno de Fernando VII la primera concesión de España para construir un ferrocarril, que uniese Jerez con el embarcadero del Portal en el Puerto de Santa María, con vistas a la exportación del vino jerezano. Pero diversas dificultades fueron aplazando el proyecto y en 1854 entró en funcionamiento el primer tramo entre Jerez y el Puerto de Santa María.

La línea Córdoba-Sevilla se puso en marcha en 1859 y se conectó con Madrid en 1861, tras superar el difícil obstáculo de Despeñaperros. La apertura de la línea Córdoba-Málaga tuvo una importante repercusión económica pues permitió el intercambio del carbón de la sierra con los productos agrícolas de la costa. A partir de 1877 la compañía MZA controló la mayor parte del trazado ferroviario andaluz. En la economía y en la sociedad andaluza tuvieron gran trascendencia los ferrocarriles mineros de Huelva y de Almería, que conectaban los distritos mineros del interior con los puertos costeros.

Numerosas entidades financieras surgieron en este momento, como los bancos - el banco de San Fernando de Cádiz en 1846 y el Banco de Málaga en 1856 - y las cajas de ahorro, además de compañías de seguros y empresas dedicadas a la exportación, todas ellas promovidas por el capital comercial e industrial.

El comercio alcanzó un gran volumen. Andalucía, con un nivel de consumo muy bajo, quedó relegada al papel de suministradora de materias primas: exportaba vino, minerales metálicos, metales - especialmente plomo -, aceite y pasas. Los principales puertos fueron Cádiz, Málaga y Almería.
6. El declive industrial andaluz

A finales del siglo XIX el inicial impulso industrial andaluz había quedado frenado. Un conjunto de motivos explican este fracaso:

  • La caída de precios en el mercado internacional de productos poco elaborados de los que era productora Andalucía: hierro, metales, tejidos de algodón.
  • Las escasas iniciativas empresariales, con una burguesía relativamente débil.
  • La falta de capitales, debido su desplazamiento a otras regiones.
  • El colonialismo económico de los intereses extranjeros, única fuerza inversora en el caso de la minería, pero volcada en la explotación de minerales para el mercado exterior.
  • La injusta situación socioeconómica, con una propiedad concentrada y bajos salarios, causas de una efervescencia revolucionaria latente.
  • La falta de un "mercado andaluz", debido a la carencia de una red de ferrocarriles o carreteras internas y al bajo nivel adquisitivo de los andaluces.

Todo ello determinó que las enormes expectativas que se habían despertado a comienzos del siglo XIX no cuajasen y Andalucía, cien años después, no había perdido su perfil fundamentalmente agrario.