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Edad Media: Reconquista y Repoblación.

Los inicios de la Reconquista

Las tropas musulmanas, llegadas a La Península a comienzos del siglo VIII, tardaron muy poco tiempo en dominar el país ya que contaron con no pocos apoyos y supieron conceder a los nuevos súbditos libertad religiosa y autonomía administrativa. No faltaron los insumisos, y éstos, tras varios intentos de enfrentamiento con los nuevos amos de la Península, tuvieron que optar por refugiarse en las regiones de Asturias y Galicia, o en el vecino reino de los Francos.

Entre estos emigrados encontramos a un tal Pelayo, antiguo miembro de la guardia de Rodrigo; pero la zona por él elegida para su refugio fue también dominada por los musulmanes, que pactaron con los astures. Pelayo fue enviado a Córdoba como rehén de la fidelidad astur y de los visigodos emigrados. Pelayo huye de Córdoba y se refugia en los montes de Asturias, donde consigue que una asamblea rural le declare jefe en el 718. Él y los suyos van a ser para Córdoba un grupo rebelde. Los nobles godos no participan para nada en todo esto, por lo que la contestación al poder de Al-Andalus nace del deseo de desquite de un "noble" godo ultrajado en su honor familiar y, además, del espíritu indómito de los norteños.

Lo de Don Pelayo fue solo una escaramuza con consecuencias. No se trataba de reinstaurar lo" visigodo", sino de recuperar el viejo status de algunos individuos.

Constituido un núcleo opositor en la Cornisa Cántabra, éste se limita a defenderse, ya que la dominación islámica en la zona es meramente nominal desde que los islámicos abandonaran el área de León-Burgos, debido a malas cosechas (segunda mitad del VIII y principios del IX).

Paralelamente, en el Este peninsular, los francos creaban un sistema conocido como Marca Hispana, que no es más que la creación de un espacio político afín en las cercanías y que tendría la función de servir de "parachoques" a los francos, en caso de un intento andalusí. En el área pirenaica, navarros y vascos se niegan a la sumisión contra los islámicos, pero cada uno de ellos "trabaja" aisladamente, aunque con el "vistobueno" de los Francos, que no ven con malos ojos la creación de otros espacios geopolíticos similares al de la Marca Hispana.

En el 840, el recién nacido reino de Asturias, debido en gran medida a las innovaciones traídas por la cultura y civilización, ha tenido un crecimiento poblacional que se transluce en la necesidad de nuevos territorios, obtenidos en base a ocupar aquellos que habían sido abandonados por los islámicos; todo ello explica que en el año mencionado la capitalidad del reino pase desde Cangas de Onís a la zona de Le6n (en plena Meseta). El espacio vital del reino Astur-Leonés queda así ampliado y consolidado. Pero pronto vendrán las divergencias y un conde disidente liberará su territorio del reino, naciendo Castilla de manos de Fernán González en el 932, un par de años después de otro gran suceso político en la Península: la declaración del Califato Independiente de Córdoba.

La estructura del reino astur favoreció la creación de demarcaciones, condados, como el castellano; pero este, aun siendo vasallo del reino astur, supo crear condiciones atrayentes para todos aquellos habitantes de Asturias descontentos (una estructura social basada en la existencia de una mayoría de hombres libres a diferencia de la astur, mas conservadora). Los continuos avances hacían que las duras condiciones de vida fueran "suavizadas" con gran numero de concesiones. En el siglo XI, el condado castellano pasa a depender de Navarra, pero vuelve a ser independiente en el 1.035. Tras su configuración como reino, se produce un parón que es aprovechado como reestructuración interna, y que parece mostrar el abandono de la idea expansionista por parte de Castilla; aunque no va a ser así.

En el área navarra surge un reino que llega hasta la actual Tudela. Todos los reinos cristianos van avanzando terreno en dirección sur; su existencia va a ser en base al vasallaje que mantienen con Córdoba, a la que pagan tributos y de la que tienen que aguantar continuas intromisiones (aceifas).

Pero todo ello coincide con el principio del fin del Califato: la debilidad interna. En el año 1.000, Al Mansur conseguirá contener todos los avances, dando un respiro al poder califal, pero tras ello vendrá la primera de las disgregaciones andalusíes: los primeros tawaif. Este momento será aprovechado por los nacientes reinos cristianos para, en el caso de Castilla, tomar Toledo (la antigua capital visigoda en el año 1.080); en el Este peninsular el Cid crea un reino satélite castellano en la zona de Valencia.

La llegada y renovación interna de AL-Andalus con los almorávides vuelve a poner la situación tal y como estaba antes del avance cristiano, menos la zona del Cid, que resiste.

El siglo XII: el siglo aragonés

En torno a los condados de Sobrarbe, Ribagorza y Aragón ( de oeste a este) de influencia carolingia, se articulará el futuro reino aragonés. Una política de conquistas y enlaces matrimoniales, junto con pactos con la vecina Pamplona harán de este territorio un área geopolítica estable.

Del reino aragonés, el monarca más conocido es, sin duda, Alfonso I el Batallador, quien se apodera de plazas al sur del Ebro, Calatayud y Zaragoza. A la muerte de Alfonso, su reino pasa a su hermano; la coyuntura es aprovechada por Navarra para separarse y por los castellanos para ocupar Zaragoza, alegando que el taifa de Zaragoza había sido vasallo de Castilla.

La salida a la crisis vino de la mano de otro hermano de Alfonso, Ramiro II, el monje, quien vuelve las cosas a su sitio, y cuya hija casa con el Conde de Barcelona, creando las bases para que el nieto de Ramiro II reine sobre Aragón y sobre Barcelona al tiempo.

El Reino de León

Tras la pérdida de la zona castellana por la escisión de Fernán González, León quedó constituido por Asturias, León propiamente dicho, y Galicia. En el siglo XIII, una unión matrimonial entre Castilla y León provocó la fusión de ambos reinos bajo Fernando III. Este hecho coincidía con la disgregación de los almohades. Fernando III de Castilla favoreció que la población abandonara las comarcas pobres de León y de Castilla y que pasaran a ocupar ciudades recién ocupadas, como Sevilla, Córd6ba, Jaén y Murcia. Sevilla empieza a cobrar la importancia que tendrá siglos después, con el descubrimiento, al convertirse en el punto de contacto de los comercios Mediterráneo y Atlántico.

Galicia.

A mediados del VIII, el territorio es tomado por el monarca Astur-leonés y en él se asientan muchos familiares de la casa real, nobles y religiosos, lo que dará a su estructura social con connotaciones feudales. En el siglo XI y también en el XII, tendrán lugar luchas internas que desembocarán en la independencia de Galicia, que dura 100 años y acaba con la vuelta a la obediencia leonesa; pero sin una de las zonas. el condado de Portugal, que comenzará desde ahora su andadura como estado diferente y diferenciado del resto de los reinos cristianos.

EL SIGLO XIII

La fuerte presión a que somete el nuevo poder califal a los estados cristianos hace que estos decidan, por primera y única vez, unir sus esfuerzos contra el califato almohade.

Portugal, Castilla y Aragón, los tres grandes reinos cristianos fruto de uniones, desuniones, enlaces y desenlaces, deciden crear un frente común contra el islan andalusí. En Las lavas de To1osa (1.212) se produce el mayor triunfo bélico cristiano. Fruto de la nueva situación son las ampliaciones territoriales de los tres socios cristianos:

Portugal Llevará su dominación territorial hasta el Sur, cerrando para siempre su "Reconquista".

Aragón Jaume el Conquistador ocupará Valencia, Baleares y Murcia, incorporándolos a su corona.

Castilla Su política de acercamiento con León desembocó en una unión dinástica. Tras Las Navas, ocupará Córdoba, Sevilla y casi toda Andalucía.

En el año 1.270, los musulmanes sólo controlaban la zona de Granada (Almería, Granada, Málaga) y una zona de la actual Huelva.

La unión de las Navas, lejos de acercar a los reinos cristianos, los alejó, creando entre ellos la idea de que cada uno, por su cuenta, podría haber causado igual descalabro a los islámicos, y de que la participación de los otros había sido una mera anécdota. Fue por ello por lo que castellanos y aragoneses entraron en una dinámica de enfrentamientos y guerras, queriendo ambos dominar la mayor parte de la Península. Castilla paraliza su actuación en el Sur, sabedora de que le es rentable mantener a los musulmanes (oro de Granada), mientras busca un avance hacia el Mediterráneo Este (Murcia), lo que la llevará a enfrentarse con Aragón.

La mal llamada " Reconquista" queda paralizada hasta finales del siglo XIV. Mientras., Portugal se vuelca hacia el Atlántico, en búsqueda de mantener en movimiento a su sociedad ex-bélica, y Aragón se vuelve hacia el comercio Mediterráneo, que acabará controlando en buena parte. Castilla, sin embargo, se debate en luchas internas.

 

Los jefes cristianos no tuvieron constantemente una conciencia clara de qué era lo que querían. La presión de las necesidades hizo que, en estos países pobres y de pobre crecimiento, la reconquista fuera una empresa de colonización, al tiempo que una guerra santa.

En todas partes, y sobre todo en Castilla, las sociedades eran sociedades de combate, y, lógicamente, las clases de combate se adjudicaron los primeros puestos en el nuevo reparto de poder. La gran nobleza llegó a ser más poderosa que en otras partes, y la pequeña nobleza, más numerosa.

La gran nobleza se funda en lo bélico. Cuando Castilla conquiste Andalucía y la monarquía otorgue grandes territorios, el ascenso de la nobleza adquirirá otro carácter.

La pequeña nobleza sigue al monarca o a los grandes señores. Carece de grandes fortunas. Junto con los hijos menores de las grandes familias (por cuestión de mayorazgo: vieja costumbre de otorgar toda la herencia al primogénito)forman parte de los ejércitos.

El clero forma el armazón ideológico, a falta de una idea política previa, por lo que la idea de Reconquista podríamos atribuirla más a la Iglesia que a los poderes políticos. Este clero estaba dividido en ricos y pobres.

La función dominadora del clero y la nobleza no supuso el aplastamiento de las otras clases; esto fue posible gracias al continuo movimiento (combate-repoblación).

La debilidad económica congénita de Castilla paraliza la expansión de las clases medias a partir del siglo XIII; mientras, la periferia peninsular (Catalunya, Aragón, Valencia, Baleares, Portugal) verá como se constituyen los primeros núcleos burgueses.

La guerra mantuvo muy alto el prestigio de las monarquías, como para favorecer un proceso de feudalización; por otro lado, las clases populares gozaron de excepcionales favores, ya que el trabajo de la tierra y la autodefensa exigían recompensas: en Castilla, la concesión Cartas Pueblas(textos otorgados por los monarcas a las ciudades de reciente formación, en los que se recogían una serie de privilegios dados a los que acudieran a poblar esas tierras y que sirvieron para mantener la población fijada a ciertas áreas recién tomadas.

Figura 1.- Núcleos de resistencia cristianos en el siglo IX

 

Para comentarios: jcguardiola@hotmail.com

(c) J.C.G y L G-S C; Oct. 99- Oct 2009