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Tema XI. Los inicios del movimiento obrero.

 1.- La penetración del socialismo utópico y de las ideas anarquistas y marxistas en España

2.- El Fourerismo Gaditano.    

3.- El Obrerismo español en el contexto de la Primera Internacional.

4.- El movimiento Cantonalista y su incidencia en Andalucía.

 

1.- La penetración del socialismo utópico y de las ideas anarquistas y marxistas en España.

           El movimiento obrero es el resultado final de las malas condiciones de vida de los obreros en la Revolución Industrial. Al carecer de legislación protectora y encontrarse a merced de la voluntad de los patronos, sus resultados son sueldos de miseria unido a falta de seguridad en el trabajo, jornadas extenuantes y hacinamientos  en sus viviendas. a ello es necesario añadir un altísimo índice de analfabetismo. Pero al mismo tiempo el permanecer durante todo el día concentrados en zonas muy próxima facilita sus relaciones y que tomen conciencia de clase, de ello se deduce que vean la necesidad de unirse para reivindicar sus mejoras, esto es en Sindicatos. Los primeros en surgir son los británicos en la década de lo 1830, se extenderán por toda la Europa industrial y España no será un fenómeno aparte.

          En el censo de 1860 los obreros industriales en España son alrededor de 150.000  y de ellos unos 100.000 pertenecían a la industria textil, ubicada fundamentalmente en Cataluña y un grupo números de operarios de pequeños talleres. Estos obreros tomaron conciencia de la necesidad de unirse para presentar  sus reivindicaciones a los patronos, por lo que surgieron pronto los primeros embriones de sindicatos. Estos son mal vistos por los dueños de los centros fabriles que intentan poner todas las cortapisas posibles. La crisis textil de 1861-1864  fue fatal para el sindicalismo que nada podía hacer  ante una recesión generalizada. La llegada de las ideas del Socialismo Utópico a España vienen de la mano de sectores republicanos, teniendo sus principales difusores en Barcelona, con los escritos sansimonistas de Raül publicados en “El vapor” y “El propagador de la libertad” ( 1835-1837  ), la difusión de las ideas del socialismo utópico  se extienden por todo el país a lo largo de las siguientes décadas, con unos focos foureristas importantes. Fernando Garrido influido por el owenismo y por el proudhoniano, impulsará un cooperativismo entre los obreros, ello unido a su parecido con las ideologías republicanas (comparten bases ideológicas) explica la relativa identificación del movimiento obrero con el republicanismo en los primeros momentos de la revolución de 1868.

           Tras la revolución de 1868 se produjo un breve resurgimiento del utopismo, por obra de algunos republicanos federales  (Cala, Garrido ), pero ya el movimiento obrero se encuentra vinculado a  la  Internacional.    

Anarquistas: Coincidiendo con la revolución de 1868, comienza en el país los movimientos anarquistas. En 1868 llegó a España Giuseppe Fanelli, enviado por Bakunin para  propagar sus ideas y conocer cual era la situación española. El anarquista italiano entró en contacto con asociaciones obreras y círculos republicanos y creó dos núcleos internacionalistas (partidarios de la Internacional ), uno en Madrid y otro en Barcelona, que no tardaron en iniciar una creciente actividad. Fruto de ella fue la presencia de dos delegados españoles en el IV Congreso de la Internacional celebrado en Basilea (1869). Sin duda las circunstancias españolas favorecían este acercamiento: se empezaba a sentir ya una profunda decepción popular por el resultado de la revolución del 68, e incluso un cierto resentimiento frente a los dirigentes republicanos, a los que se juzgaba excesivamente comprometidos con la situación. Sobre ello germinará el apoliticismo de los aliancistas españoles. El posterior desarrollo de los anarquistas españoles corresponderán a la Restauración.

Marxistas: El socialismo marxistas lo introdujo Paul Lafargue, yerno de Carlos Marx, que se encontraba refugiado en España con su esposa Laura, quien en 1871 difundió entre los obreros españoles las ideas del “Manifiesto Comunista”.

Los anarquistas se extendieron principalmente por Andalucía y Cataluña y los socialistas marxistas  por Madrid, Cataluña, Bilbao, Santander y Asturias.

          La separación de anarquistas y socialistas en la  1ª Internacional  tuvo su repercusión en España donde la mayoría de las asociaciones obreras se inclinó hacia el anarquismo; los marxistas fueron expulsados  en el congreso de Zaragoza de 1872 y fundaron la “Nueva Federación Madrileña”.  Los expulsados, a los que se unirían algunos otros afiliados, constituyeron el punto de partida del moderno socialismo español.

2.- El Fourerismo Gaditano.                                                                                                                                                                                 

          Para completar el panorama habría que hacer del socialismos utópico es necesario hablar brevemente del desarrollo de las ideas de Fourier. Se trata del fourerismo, doctrina importada de Francia que se introdujo en la Península desde Cádiz;  tuvo en el diputado durante el trienio liberal Joaquín Abreru, su principal  divulgador , este vivió en Francia  donde conoció la obra de Fourier y posiblemente, al autor en persona. Comenzó a publicar sus ideas sobre el fourerismo en el periódico de Algeciras “El Grito de Carteya“ a partir de 1835. En su formulación andaluza, las aspiraciones fundamentales eran: participación de los pobres en las Cortes, paz social y aumento de la producción, distribución más equitativa de la renta,  y “que el trabajo salga de la dependencia en que se halla respecto del capital

                   Por sus escritos logró formar un grupo de foureristas en Cádiz, en el que participarán Manuel Sagrario de Veloy, Pedro Luis Huarte y Faustino Alonso. En noviembre de 1841 Sagrario se lanzó a la constitución de un falansterio en Tempul, lugar cercano a Jerez de la Frontera, empresa para la que se reunieron  cinco millones de reales.  Sagrario pidió al Gobierno no sólo la exención de derechos arancelarios para máquinas y otros artículos necesarios  al falansterio, sino que  le cediese soldados o presidiarios para trabajar, a los que se les daría un plus. No le hicieron mucho caso; muy al contrario el General Espartero (jefe del Gobierno ) se negó a autorizar la experiencia  y el falansterio gaditano no pasó de proyecto. Varias personas, vinculadas a estos medios, hicieron propaganda de asociacionismo y cooperativismo en la provincia de Cádiz, pero no se puede saber el alcance de sus prédicas en lo medios laborales agrícolas.

                 A pesar del fracaso del intento de construir un falansterio en Cádiz, Sagrario lo volvió intentar en Cartagena, con la misma suerte.

                  Se puede concluir diciendo, que el impacto que las ideas utópicas pudieron ejercer a largo plazo en la creación de un movimiento societario, no nos son conocidas. Son pocas las noticias que se tienen para poder hacerse una idea siquiera aproximada de su importancia. Pero las sociedades obreras  no debieron ser raras al comenzar la segunda mitad del siglo. Como señala Fernando Garrido, el movimiento cooperativo tuvo especial arraigo, precisamente, en la provincia de Cádiz, tal vez a consecuencia de las ideas furieristas    

3.- El Obrerismo español en el contexto de la Primera Internacional.

          El crecimiento de la Internacional a partir de 1870 (1er Congreso Obrero celebrado en Barcelona), fue significativo. En poco más de un año pasó de apenas dos mil a casi quince mil afiliados, agrupados en cien federaciones locales constituidas y otras tantas a punto de hacerlo; un alto porcentaje de los afiliados residía en Cataluña, pero también existían núcleos importantes en Levante, Andalucía y Castilla. En 1871, algunos communards buscaron refugio en España , despertando una viva inquietud entre ciertos sectores de la población. Con este pretexto se produjo un acalorado debate en el  congreso  y se pusieron en cuestión no solo los hechos de la Comuna, sino la misma conveniencia de que la Internacional, a la que se le atribuía  la mayor parte de los crímenes cometidos pudiera extenderse libremente por España. El debate fue acalorado, y aunque los republicanos defendieron  la legalidad de la Asociación, esta fue declarada inconstitucional y,  aunque la sentencia no llegó a cumplirse hasta unos meses después, radicalizó  las actitudes de la mayor parte de sus simpatizantes.

              No terminó allí la ofensiva, porque en una circular de febrero de 1872 el gobierno de Amadeo I propuso a los gabinetes europeos la cooperación de todos los estados contra la Internacional. La gestión, que pone de manifiesto el carácter fundamentalmente burgués de la revolución septembrina, expresaba muy bien el creciente temor de la monarquía democrática de que la agitación rebasase los límites políticos y se adentrase en el terreno de lo social.

              A pesar de las nuevas dificultades legales, la expansión de la Internacional en España prosiguió durante 1872, ampliándose el número de federaciones afiliadas y las actividades de propaganda. Las convicciones antipolíticas  quedaron reforzadas, así como los lazos con el sector bakunistas (anarco-colectivismo). Pero como ya se ha visto un grupo cada vez más numeroso se pasaron a las ideas marxistas.

               La mayoría bakunista, aunque nunca desdeñó acciones insurreccionales, creía en la fuerza revolucionaria de las ideas y se aplicó a hacer un verdadero proselitismo. A través de escuelas, bibliotecas. ateneos culturales o cooperativas de consumo, el anarquismo llegó a constituir un importante núcleo aglutinador de la cultura popular, que rompió las barreras geográficas y el exclusivismo sindical que hasta entonces habían detentado los textiles catalanes. La expansión impulsó la incorporación a las filas internacionalistas de gran número de trabajadores agrícolas y de oficios artesanales, con lo que también se modificó el carácter de las movilizaciones que se llevaron a cabo en el otoño de 1872. Se produjeron huelgas por todo el territorio, casi todas fracasaron  al estar convocadas sin tener demasiado en cuenta la capacidad de resistencia. En el mundo rural andaluz el aspecto cambiaba, aunque tampoco se puede afirmar que el núcleo lo formaran braceros más o menos desarraigados, sino un importante sector de pequeños productores  y trabajadores independientes. El internacionalismo se vio allí favorecido por la existencia previa de un intenso movimiento social, lo que explica la persistencia en el campesinado de acciones y reivindicaciones típicas del período anterior.

                      Con la excepción de la nueva sección madrileña y de algunos grupos catalanes. que todavía se mantenían muy vinculados al federalismo y que llegaron a romper sus lazos con la Internacional, el apoliticismo se impuso en la casi totalidad de las federaciones españolas, e incluso en algunas asociaciones que no eran anarquistas . Se respetó la tesis de que cada uno obrara individualmente en caso de elecciones, pero la decisión colectiva de no colaborar en la vida parlamentaria  y de criticar cualquier poder sería fundamental a la hora de proclamarse la República. Y marcará la vida futura del movimiento obrero.        

4.- El movimiento Cantonalista y su incidencia en Andalucía.

     Para poder desarrollar este apartado es imprescindible estudiar las diferentes teorías del Republicanismo español, que se dividía en: unitarios y federalistas. Los unitarios eran los republicanos partidarios de convertir España en una república centralizada en Madrid, esta teoría pretendía imponer la revolución política, pero sin abandonar la tradición centralista. Frente a ello se encontraba la formula federal, la cual contaba con el apoyo popular. Pero los federales estaban escindidos . Unos, los llamados benévolos, eran partidarios de una federación hecha desde arriba, de forma ordenada. Los intransigentes, en cambio, sólo entendían la federación hecha desde abajo, mediante pactos (hechos consumados ).

             Cantonalismo es el sistema político que aspira a dividir el estado en cantones independientes.

         Llamamos movimiento cantonalista al levantamiento que tuvo lugar en diversas ciudades de Valencia, Murcia y Andalucía en julio de 1873 con el objeto de establecer un régimen federal que concediese autonomía a las regiones, provincias y municipios (los cantones). Su origen se encontraba en una interpretación del proyecto de la Constitución de 1873, que organizaba el país en 15 Estados Federales más Cuba y Puerto Rico. Cada zona de España podía constituirse en un cantón independiente, que más tarde podría unirse, si así lo deseaba, en una República Federal. Esto no pasó de un proyecto, puesto que los sucesos del momento impidieron su aprobación..

         De la extensión geográfica de la insurrección cantonalista, el episodio primero y central lo protagonizó la ciudad de Cartagena, donde los federales intransigentes formaron el 12 de julio de 1873 una junta revolucionaria que hizo dimitir al ayuntamiento y proclamó el cantón. El hecho de que la marinería y la infantería de marina lo apoyaran al día siguiente, convirtió a la ciudad en un verdadera reducto estratégico capaz de apoyar a aquellas otras que secundaron su iniciativa.

              La sublevación de Cartagena no fue un hecho aislado.  Hennessy señaló que formaba parte de un proyecto de insurrección generalizada que preparaba  el Comité de Salud Pública de Madrid, como prueba el hecho de que el general Contreras, presidente de la Comisión de Guerra de dicho comité, se trasladara inmediatamente allí para organizar su defensa. Nada más llegar asumió los poderes civiles y militares. Los sucesos de Cartagena repercutieron rápidamente en Murcia, donde se proclamó cantón. El movimiento se extendió por toda la península, con la excepción de Cataluña y el norte, debido al problema de la guerra carlista. Los puntos en común de sus programas son bastantes, aunque también sus diferencias. En un punto coinciden, no quieren extremismos sociales y su revolución es eminentemente política. En Cartagena se decretaron muchas de las medidas humanitarias defendidas por los federales. Siempre estuvieron unidos al más firme convencimiento de que sólo a través de la federación y del cantonalismo podía operarse la regeneración de España. Cartagena fue ocupada el 13 de enero de 1874, al serles prometido un indulto y su reingreso en el ejercito a los altos militares por el general Pavía, y centenares de cantonalistas de segunda fila fueron deportados a las Antillas y Filipinas. Antes se sofocaron todos los cantones del resto de España.

 Incidencia del cantonalismo en Andalucía

                 Fue bastante importante alcanzando el movimiento a casi todo el territorio. Se declararon cantones independientes el 19 de julio Sevilla, Cádiz ; el 20 Granada; el 21 Málaga; el 22 Bailen, Andujar, Tarifa y Algeciras. Los resultados finales fueron parecidos en todos ellos, pero su desarrollo es distinto, puesto que unos no pudieron triunfar por la fuerza de los militares gubernamentales en la ciudad como es el caso de Córdoba, y otros son sofocados fácilmente.  Pero dentro de ellos podemos ver medidas de justicia social y otras que mejoran el comercio de las ciudades (participación de la burguesía de negocios). En Cádiz, Sevilla y Granada se intentó aplicar un sistema de contribución directa sobre la propiedad. Los cantones suprimieron el monopolio del tabaco , reconocieron el derecho al trabajo y fijaron la jornada laboral en ocho. Pero al margen de estas medidas las  tendencias anarquistas o socialistas  no se impusieron en ningún cantón. Aunque sin motivo la insurrección fue calificada de obra de la Internacional para desacreditarla ante los sectores moderados y por ello los federales intransigentes, deseosos de no aparecer como extremistas sociales, atacaron violentamente a los internacionalistas.

Caso del Cantón Malagueño:  El cantón malagueño estuvo desde el principio en manos del grupo de los benévolos, los cuales dirigidos por el gobernador civil Francisco Solier, contaban con el apoyo del gobierno (principalmente del ministro de Hacienda Palanca.) Hubo una especie de compromiso entre las autoridades locales y el gobierno de Madrid según el cual aquéllas se comprometían a mantener el orden a cambio del respeto de éste a la situación autónoma de Málaga. Esto explica la larga duración del Cantón malagueño. La protección del Gobierno retrasó la entrada en Málaga del general Pavía, encargado por el Gobierno de reprimir la insurrección cantonal en Andalucía.

           La insurrección cantonal sirvió para poner de manifiesto la incapacidad de los republicanos para controlar el país. El recurso al Ejército para someter a los insurgentes reforzó el papel de los militares y dio paso a los elementos moderados. Desde entonces la búsqueda de fórmulas para restablecer la monarquía era algo que estaba en el ambiente.

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 © Javier de la Hera Rosado 1999-2009