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   Tema XIII: El sistema político de la Restauración.           

 1.- Fundamentos doctrinales, funcionamiento y bases sociales e institucionales 7.- Las tendencias dentro del Anarquismo y los orígenes del Socialismo Español.
2.- Análisis y valoración de la Constitución de 1876.

8.- Regionalismo y Nacionalismo.

3.- Conservadores y Liberales: programas y figuras representativas. 9.- El desastre colonial y la crisis del 98
4.- El papel y la actividad de los monarcas. 10.- La guerra de Marruecos y sus implicaciones sociopolíticas.  
5.- El republicanismo y sus formulaciones 11.- La descomposición del sistema canovista y las tensiones de 1917
6.- Las organizaciones obreras y campesinas: marxistas y anarquistas  

 

Antonio Cánovas del Castillo. Foto (Málaga Málaga 1828 - Guipúzcoa 1897)

1.- Fundamentos doctrinales, funcionamiento y bases sociales e institucionales.

          La vuelta del país al gobierno de la dinastía borbónica, es obra fundamentalmente de Cánovas del Castillo, el cual creó el partido llamado alfonsino, este es un partido liberal-conservador, que se mantuvo siempre en la legalidad y preparó la vuelta de los Borbones. En 1874 la oligarquía española estaba abiertamente por la solución “alfonsina”. Cánovas esperaba la vuelta de don Alfonso como resultado de un clamor nacional ante el “ desorden republicano”. El propio Cánovas redactó un documento que firmó don Alfonso y se hizo público a finales del año: el Manifiesto de Sandhurst, que proclamaba la voluntad de don Alfonso de reinar como monarca constitucional moderno, respetando las libertades públicas.

          Pero se adelantaron los militares que el 29 de diciembre de 1874, proclamaban rey a don Alfonso, llegando este a España el 9 de enero de 1875.

          Los fundamentos doctrinales de la restauración parten principalmente de la doctrina de Antonio Cánovas del Castillo, este político malagueño tiene una gran experiencia política. Admiraba el sistema constitucional inglés por su estabilidad y por el mantenimiento de las tradiciones. Quiso fabricar en España una cosa parecida, convencido del apoyo que le prestarían las clases acomodadas; como así fue.    

El sistema canovista se apoyaba en tres bases principales:

a) La teoría de la Constitución interna  o histórica, que hacía recaer la soberanía en el Rey y las Cortes, dos instituciones avaladas por Historia y anteriores a toda Constitución escrita.

b) El sistema de poder, que se articulaba en dos pares de fuerzas: las que encarnaban la soberanía, es decir, el Rey, que detenta la autoridad, y las Cortes, depositarias de la libertad; y las que realizarían la política, es decir, dos partidos políticos que se turnarían pacíficamente en el poder.

c) La Constitución escrita, que organizaría la actuación de esos dos pares de fuerzas.

          El funcionamiento de este sistema es lo que se ha dado en llamar Oligárquico y Caciquil, con este termino nos referimos al sistema que funcionó durante la restauración. Este sistema dirigió el sistema parlamentario en una España rural y analfabeta arreglando las  elecciones según las necesidades de cada momento (oligarquía aristocrática, latifundista y burguesa). El sufragio era controlado a través del ministro de la Gobernación, en el ámbito de las provincias, por el gobernador civil y en el ámbito local por el “cacique, es decir, el personaje, que vigilaba y organizaba la emisión del voto en su demarcación.

           Los caciques, son personajes relevantes de la provincia, por sus grandes propiedades, por medio de las que pueden controlar a las gentes del lugar, normalmente cuentan con el apoyo del resto de los grandes propietarios de la provincia, poniéndose de acuerdo en el diputado que ha de salir elegido. A menudo el dominio de los caciques sobre todo un distrito parecía natural, y adoptaba tonos paternalistas (los Gamazo, en Valladolid; La Cierva en Murcia, ... ) eran elegidos sistemáticamente, controlaban todas las decisiones, que afectaban a la provincia, y, desde Madrid, constituían incluso el canal para la resolución de los problemas de la provincia y las mejoras que pudieran introducirse en ella.

         Las causas de este sistema oligárquico y caciquil hay que buscarlas en tres niveles.

a)      La estructura social, que permite a los propietarios agrarios un dominio omnipotente sobre el campesinado, mayoritariamente analfabeto (60% a final del siglo), y sometidos a ellos para obtener un trabajo y sobrevivir;

b)      El sistema de bipartidismo artificial, que solo presenta los intereses de las clases dominantes.

c)       El marco  constitucional y legal. El gobierno sólo depende de la voluntad del rey, que con el decreto de disolución de las Cortes pone en manos del partido gubernamental la fabricación de una cámara adicta.

         Las bases sociales  de las que se nutre el sistema restaurador son claramente  las clases privilegiadas de la sociedad, basándose en la riqueza, la propia constitución reserva el derecho de voto y con ello posibilidad de participar en la vida política del país a los grandes propietarios agrícolas, los empresarios industriales, los banqueros y los funcionarios de alto rango junto con los poseedores de títulos académicos, esto daba un resultado en los primeros años de la restauración a que solo tengan derecho de voto el 2’1% de la población. El papel de la burguesía acomodada (10% población) seguía las directrices de la clase dirigente, a la que aspiraban. La pequeña burguesía , apoyó generalmente a las clases dominantes. La clase obrera se desentiende del juego político y caerán en brazos del movimiento obrero.

2.- Análisis y valoración de la Constitución de 1876. (ver esquema constituciones)

          La creación de la nueva constitución es principalmente obra de Cánovas. El cual pretende lograr el apoyo para la corona de los partidos anteriores (sin carlistas y republicanos), para ello no se podía utilizar ninguna de las constituciones anteriores.

           La justificación de un texto constitucional nuevo se buscó en manifiesto de Sandhurst y la teoría de la “constitución interna “: por encima de las constituciones están la monarquía y las Cortes, instituciones fundamentales de España a través de su historia.

            La monarquía y las Cortes, conjuntamente, constituyen la base del poder y la legitimidad del nuevo sistema, marginando el concepto de soberanía nacional y volviendo a la teoría del Moderantismo.

                Para que el nuevo sistema tuviera una autentica legitimación, Cánovas acordó que las primeras elecciones se realizaran por medio del sufragio universal. El control de la situación aseguraba en triunfo gubernamental; además los republicanos estaban en el exilio y las elecciones tendrían lugar en un clima de desinterés. Efectivamente en enero de 1876, los canovistas alcanzaron la mayoría de los escaños, concediendo unos pocos a otros partidos.

                De nuevo al frente del gobierno, Cánovas defendió el proyecto de constitución realizado por los notables, basado en líneas maestras en la de 1845, con algunos de los derechos de la del 1869, y una formula de compromiso en la cuestión religiosa se proclama la “tolerancia religiosa“,  es decir: el reconocimiento del catolicismo como religión oficial, la atención al culto y clero por parte del Estado y la permisividad del culto privado de otras religiones.

                 La declaración de derechos mantiene una estructura parecida a la de 1869, pero suprime algunos recogidos en la citada constitución, recortaba otros y remitía algunos a leyes posteriores. esto dio lugar en la mayoría de los derechos a la voluntad de los gobiernos. Además, los derechos fundamentales podían ser suspendidos en circunstancias especiales por medio de una ley o por decisión del gobierno, si las cortes no estaban reunidas.

                       Como nota curiosa decir que los artículos referentes al monarca no se sometieron a discusión en la Cortes constituyentes, bajo el pretexto de que la monarquía era anterior y superior a la Constitución.

-Ejecutivo: Corresponde al rey, que incluso lo acrecienta con el mando sobre el ejército, participa en la función legislativa  a través de la sanción y promulgación de las leyes y ejerce todos los demás poderes tradicionales. Su fuerza constitucional reside en el poder de nombrar y separar libremente a los ministros. La persona del rey es inviolable.

-Legislativo: Corresponde a las Cortes formadas por el Congreso y el Senado.

Congreso está integrado por los representantes  nombrados a razón de uno por cada 50.000 habitantes, durante cinco años y en virtud de sufragio censitario, el cual no es establecido en la Constitución, sino en la futura ley electoral. El Senado quedará  integrado por varias clases de senadores:  los de derecho propio, grandes, príncipes, y altos cargos, los nombrados por el rey, que son vitalicios y los elegidos por las corporaciones y grandes contribuyentes. Pero todos comparten unas condiciones económicas importantes o han ejercido antes cargos políticos.

La iniciativa legislativa corresponde al rey  y ambas cámaras y los tres poseen veto suspensivo durante una legislatura. Las Cortes son convocadas, suspendidas y disueltas por el rey.

-Judicial: en teoría es independiente, pero su regulación en la Constitución es ambigua y reenviadas a una ley ordinaria en cuanto a su efectivo funcionamiento.

  La valoración de la Constitución de 1876 es: Predominio del monarca. A través del nombramiento del gobierno y la disolución de las Cortes queda en su mano la designación del ejecutivo y en la de este, (por el sufragio censitario y la corrupción electoral generalizada) la fabricación de las mayorías parlamentarias. Con lo que se puede afirmar -según Sánchez Agesta- que en esas condiciones el gobierno parlamentario  es claramente una ficción.

3.- Conservadores y Liberales: programas y figuras representativas.

 

Cánovas
Sagasta

            Para ceñirse al modelo británico, Cánovas constituye un partido, y da opción a la formación de otro de ideas diferentes. Su partido se llamará conservador y recoge la herencia de moderados y unionistas, apoyándose  en las clases altas (aristocracia, los grandes terratenientes de Andalucía, grandes industriales y sectores católicos)  Su objetivo principal es el mantenimiento del orden social.

         El otro partido se forma  alrededor de Práxedes Mateo Sagasta, antiguo progresista, que funda el partido liberal. Este aglutinó a demócratas, radicales y republicanos moderados. Sus bases sociales  estaban en los profesionales liberales (médicos, abogados etc), comerciantes, banqueros,  algunos militares y funcionarios. Su principal aportación fue la promulgación de leyes  que reformaron el sistema político de la Restauración hacia posiciones más liberales ( sufragio universal......).

           En realidad ambas formaciones eran una mezcla de partidos notables y camarillas provinciales, con una estructura muy débil o inexistente, un programa difuso y pobre y unas continuas tensiones dentro de los propios partidos, por lo que se hacía necesario la alternancia en el poder , para contentar a los distintos notables de los partidos.

           El partido conservador monopolizó el poder en los primeros años del régimen y agotó su programa en la consolidación del propio sistema monárquico, limitándose después a servir de canal  para los intereses de los sectores más reaccionarios de la monarquía.         

            El partido  liberal suavizó los principales conflictos del régimen en un primer gobierno  (1881-83), resolviendo la cuestión universitaria, acabando con la distinción entre partidos legales e ilegales y permitiendo la vuelta de los republicanos exiliados. En un segundo gobierno (1885-90), tras la muerte de Alfonso XII, liberalizó de forma importante la legislación política de la monarquía para contrarrestar la debilidad de la regencia.

     En este período el régimen se configura definitivamente con la aprobación de la ley de asociaciones (1887),  y sobre todos con la aceptación del sufragio universal, en junio de 1890. Puede decirse, y el mismo Sagasta lo aceptó implícitamente, que con estas reformas se agota el programa liberal.

             En adelante la diferencia entre conservadores y liberales no será tanto programática como de talante en el ejercicio del poder. Los liberales mantenían una mayor tolerancia hacia los movimientos republicanos y obreros, mientras que los conservadores protegían más los intereses de la Iglesia y utilizaban más la represión. La organización y funcionamiento de ambos partidos rea también muy similar. Orientados casi exclusivamente hacia las elecciones, ambos partidos dominaban el mecanismo electoral  por medio de los caciques.

              La figura más importante dentro del partido Conservador es sin lugar a dudas su creador Antonio Cánovas del Castillo. Historiador, Abogado, natural de Málaga. Se dedicó durante casi medio siglo a la política activa. Militó en el partido “Unión Liberal“. Redactó el “Manifiesto de Manzanares” que tuvo bastante importancia en la revolución de 1854 (Vicalvarada). Fue jefe del partido conservador y favoreció la formación del partido Liberal. Fue asesinado por un anarquista en 1897.

         Práxedes Mateo Sagasta. es sin duda la figura cumbre del partido liberal y su fundador, dirigiéndolo hasta 1901. Ingeniero de caminos, natural de la Rioja. Estaba afiliado al partido progresista. Formó el partido Liberal Fusionista (Liberal) y aceptó la Constitución de 1876 y el turno de partidos. Siendo uno de los principales artífices de traer al reconocimiento de la monarquía a líderes opuestos al sistema. A la muerte de Alfonso XII, acordó con Cánovas los llamados Pactos del Pardo para dar al régimen continuidad y formó el primer gabinete bajo la Regencia, retirándose de la política en 1901.

4.- El papel y la actividad de los monarcas.

 

Alfonso XII
Alfonso XIII

 

       La puesta en marcha del sistema de la Restauración exigía la rápida solución de los dos conflictos armados existentes: el carlismo y el cubano.

         Los carlistas habían conseguido apoderarse, en los últimos tiempos de la República, de numerosas poblaciones importantes del País Vasco y de Cataluña, lo que obligó a una amplia campaña  dirigida de un modo simbólico por el propio Alfonso XII. En febrero de 1876 Carlos VII (pretendiente) se veía obligado a salir de la Península y la guerra se dio por terminada.

        La pacificación de Cuba, obra del general Martínez Campos, costó dos años más y fue sólo temporal. Por el  Convenio de Zajón ( 1878 ) se otorgaba a los cubanos una amplia amnistía y los derechos políticos que ya poseía Puerto Rico; posteriormente fue abolida la esclavitud (1880), pero las concesiones parecieron escasas a los que habían luchado por la autonomía y excesivas a los peninsulares establecidos en la isla.            

Otra de la actividad de los monarcas será la centralización: Hemos visto con anterioridad el carácter uniforme y centralizador del liberalismo español de procedencia francesa, evidente ya en la Cortes de Cádiz. Durante el período de la Restauración, este carácter centralizador queda patente en la labor de uniformización  jurídica y administrativa, siguiendo el patrón  castellano, el más numeroso de la Península. También se consolidó el uniformismo administrativo establecido por la división provincial de 1883 e incluso se suprimió la escasa autonomía de las provincias.

      Después de la victoria sobre los carlistas se planteó  la supresión de los fueros del País Vasco. Discutido el asunto en al Cortes, tanto conservadores como liberales consideraron necesaria su abolición, que se produjo en 1876, aunque conservaron las particularidades del derecho civil, como en Cataluña, y se establecieron unos conciertos económicos para el cobro de impuestos, como en Navarra.

        El afán de centralización se muestra también en la labor de codificación, de constituir cuerpos de leyes que no ofrezcan dudas en su aplicación; así nacen el Código de Comercio, la Ley de Enjuiciamiento Criminal y el Código Civil.

        A la muerte del Rey, en plena juventud, en 1885, fue regente su esposa María Cristina de Habsburgo-Lorena, quien a los pocos días dio a luz a Alfonso XIII. Se nombró regente a la reina  y ante el temor de volver a viejas querellas, los dos líderes acordaron el turno pacífico en el poder. Aquel acuerdo se llamó “Pacto del Pardo

         Hasta finales de siglo,  los dos líderes se alternaron en el poder. El sufragio universal después de 1890 y la poca efectividad del sistema caciquil en los medio urbanos,  permitió la presencia de diputados republicanos en la Cortes ( 33 en 1893)

- Los Comienzos del Reinado de Alfonso XIII

        En mayo de 1902 Alfonso XIII alcanzaba la mayoría de edad e iniciaba su reinado personal. En contraste con la reina regente, siempre minuciosa acatadora del orden constitucional, el joven rey mostrará gran interés por la participación activa en la política. Por estos años en que cambia el siglo , se produce la muerte de los dos grandes líderes de los dos partidos gobernantes, y su relevo por parte de Antonio Maura al frente del partido conservador y de  José Canalejas por el partido liberal.

           El reinado se iniciaba políticamente cono una continuación de la etapa anterior, pero el sistema del turno de partidos en que se sustentaba el funcionamiento de la Constitución de 1876 empezaba a fallar, en parte porque la unión interna de liberales y conservadores comenzaba a resquebrajarse  al desaparecer sus grandes líderes. Pero lo verdaderamente grave era que las masas del país no intervenían realmente en la vida política, a pesar del establecimiento del sufragio universal en 1890. Los dos partidos que tenían el monopolio del poder seguían utilizando el sistema caciquil para conseguir votos, de tal modo que prácticamente siempre triunfaba en las elecciones el partido que estaba en el poder. El cambio de partidos en el gobierno se producía, no a consecuencia de una consulta electoral, sino porque una crisis o un amplio movimiento en contra del partido en el poder hacía que la Corona llamara a gobernar al partido de la oposición. A ello es necesario sumar una abstención en las votaciones del 30 o 40%  bien por indiferencia o por inspiración anarquista. El resultado era, en definitiva, la escasa participación del país en un juego político limpio.

             A ello se suman dos hechos de capital importancia para el país:

a)      desastre del 1989,

b)      Impacto de la guerra mundial.

 Todo ello unido a lo anterior dará origen al nacimiento del intento de Regeneracionismo.   

5.- El republicanismo y sus formulaciones.

 

        Con la integración de Sagasta en el sistema monárquico sólo los partidos republicanos, perseguidos y con muchos dirigentes en el exilio, mantienen una crítica global a la Restauración. En general, continúan durante años  considerando a la Restauración como una simple supresión violenta de la legalidad constitucional, y defienden la Constitución de 1869 y la forma republicana como continuación de la legalidad interrumpida.

        Pero dentro del republicanismo existían posiciones bastante diferentes. Ruiz Zorrilla continúa confiando desde su exilio francés, en un pronunciamiento de militares para derribar la monarquía;  y aun en 1886 sostiene la sublevación de Villacampa, fracasada como todas las demás. Por otra parte, cada uno de los presidentes de la 1ª República mantiene un núcleo de influencia propio, a menudo enfrentado con los demás. Mientras Figueras y Salmerón  carecen de programas políticos que merezcan tal nombre y presentan únicamente una posición de honestidad frente a la corrupción dominante, los federales de Pi y Margall profundizan las líneas teóricas del pactismo sin llegar nunca a alcanzar la consideración de los años revolucionarios. Además, en Cataluña donde mayor base tiene el federalismo, el surgimiento de posiciones regionalistas constituirá una competencia cada vez más importante.

Posteriormente tendremos una renovación dentro del partido con dos nuevas corrientes, Radicales, dirigidos por Lerroux y los Reformistas, por Álvarez. Ambos son productos de la contradicciones del régimen y no restos de la historia anterior. Los radicales partirán de posiciones inflamadas contra la monarquía, la burguesía y la Iglesia   para evolucionar progresivamente hacia un republicanismo conservador, el cual se apoyará durante años en las ciudades. El partido reformista se mueve en otro terreno; integrado por personalidades conocidas e intelectuales de prestigio  llega creer en la posibilidad de reformas bajo la propia monarquía y hace de la lucha contra “los obstáculos tradicionales” que impiden el parlamentarismo el objetivo que une a los desencantados del sistema y a núcleos de republicanos moderados.

       La década de los años 90 abre nuevas perspectivas para el partido republicano, principalmente por la implantación del sufragio universal (ya en 1881 se legalizó el republicanismo). Por ello  se unen Ruiz Zorrilla y Salmerón  en un intento de llegar al poder por medio de las elecciones, es una buena estrategia como lo prueba el hecho de los buenos resultados de los comicios de 1891 y 1893. Pero esta unión será efímera  y entrarán en el nuevo siglo muy debilitados.

    Según  el profesor Calero:

Comparado con la monarquía doctrinaria de la Restauración, el republicanismo español parecía, y de hecho era, revolucionario; comparado con la III República francesa, su gran modelo, y con los estados europeos más avanzados, era simplemente moderno; comparado con las aspiraciones socialistas... era, sencillamente, burgués y conservador “   

       Todos estos partidos y algún  otro, con su constante deseo de fusión siempre frustrada y sus frecuentes polémicas, ofrecen más la imagen de un movimiento poco estructurado que la de unos partidos modernos. Su mayor virtud estriba en mantener  su influencia en las ciudades impidiendo el triunfo de los partidos dinásticos y aportar argumentos para la crítica a una monarquía cada vez más caduca.

       Una función semejante a la de los partido republicanos desempeñan distintos núcleos de intelectuales, a veces unidos bajo el rótulo genérico de regeneracionistas. Galdós, Costa, Picavea. Ortega....., por encima de sus múltiples diferencias, realizan una crítica constante a la política oligárquica. que mantiene al país en el retraso y la miseria.

6.- Las organizaciones obreras y campesinas: marxistas y anarquistas

         A lo largo de los primeros años del gobierno conservador de Cánovas, los partidos obreros se mantuvieron en la clandestinidad, pero no dejaron de existir.

- Anarquistas: Como ya hemos señalado, las bases iniciales del anarquismo en España han de buscarse en el sexenio, en la doble influencia, paralela de la Internacional y del bakuninismo. De las distintas influencias adaptadas al país sale fortalecido el anarco-colectivismo (todo debe ser colectivo,  pero los rendimientos según el propio trabajo ). El anarco-comunismo no empezó a difundirse en España hasta 1885, teniendo bastante éxito y enfrentándose en sus posturas con el anterior.

       El ala bakunista de la Asociación Internacional de Trabajadores había dejado de existir. Pero los restos de su Federación Española subsistieron aunque arrastrando vida difícil durante los primeros años de la Restauración. Finalmente, la Federación Regional Española fue disuelta a comienzos de 1881 en una conferencia celebrada en Barcelona. Pero aquel mismo año, en el mes de septiembre, y también en Barcelona, se celebró el Congreso constitutivo de la Federación de Trabajadores de la Región Española, al que asistieron representantes de 140 organizaciones obreras. El congreso optó por la reivindicación de la jornada de ocho horas que ya empezaba a ser muy popular. La organización rondaba los 60.000 afiliados. Ese  momento marcó su punto máximo de desarrollo.    

         Esa organización celebró otros congresos en Valencia y en Madrid, el ultimo en 1888 donde los conflictos entre libertarios puros y colectivistas dieron al traste con la Federación y se creó en su lugar la Organización Anarquista de la Región Española. En líneas generales se puede afirmar que  la actuación de los anarquistas españoles a lo largo de los siguientes años, se concreta en la propaganda por los hechos, y los atentados que realizan en los finales del siglo y primeros del siguiente, lo que les supone una represión durísima de las autoridades. Su presencia en el campo adopta caracteres milenaristas.

- Marxistas: poco podemos hablar de este grupo de socialistas de clara inspiración marxista, puesto que con la llegada de la restauración , se encuentran  vinculados dentro de la Asociación del Arte de Imprimir, creada en 1873. Al sobrevenir a la represión, esta Asociación, que quedaba dentro de la legalidad, adquirió importancia y tuvo una labor organizadora y de continuidad. Pablo Iglesias fue su presidente desde 1874 hasta 1885. De su seno saldrán  los primeros organizadores del partido Democrático Socialista Obrero Español.

          Los movimientos obreros dentro del campo español son muy importantes, puesto que no se puede olvidar que España era un país eminentemente rural, pero con una distribución de propiedad típica del Antiguo Régimen, agravada por las desamortizaciones. Con este panorama es lógico comprender la fuerza de las reivindicaciones de los campesinos, más de 2’5 millones sin tierras, pero el problema no es solo numérico, es necesario matizar que los grandes propietarios no invertían en mejoras, por lo que la agricultura se encontraba anticuada, de ello se deduce el bajo rendimiento, lo cual hace que se paguen sueldos de autentica miseria. Pero es necesario matizar las grandes diferencias entre distintas regiones del agro español, siendo las regiones de Andalucía y Extremadura, las más conflictivas por ser núcleos principales de latifundios y sobre todos por los cortos arrendamientos que imposibilitan que los arrendatarios puedan mejorar sus tierras y nivel de vida.

          Los campesinos se unen principalmente al partido Anarquista, pues es el que enarbola el lema de “la tierra para el que la trabaja” buena prueba de ello lo tenemos en Andalucía, donde en 1882 pertenecen al FTRE. 50’8% de campesinos a lo cual es necesario  sumar un número difícil de estimar, de los englobados en oficios varios. El estudio cuantitativo del anarco-colectivista nos da las siguientes cifras más de la mitad de los cabezas de familia pertenecían a la FTRE.  y como caso particular tenemos Ubrique, donde  toda la población activa era anarquista.

           Podemos considerar su actuación como violenta, siendo aprovechada por las fuerzas de represión burguesas para intentar sofocar el movimiento. Se puede concluir diciendo que más que el temor a una autentica revolución social es el miedo a las subidas de salarios, que una agricultura mal estructurada no podría soportar. Con lo que se desmoronan los tópicos tradicionales, llegándose a la conclusión: ni utopismo de los explotados, ni maldad gratuita de los explotadores, sino pugna por unos objetivos reales y concretos.

7.- Las tendencias dentro del Anarquismo y los orígenes del Socialismo Español.

          Las actividades violentas de los jornaleros andaluces y el temor de los latifundistas inducen al gobierno a una fuerte represión, que en definitiva produce la disolución de la Federación. En años posteriores, el anarquismo se limita a actividades regionales y al terrorismo individual (asesinato de Cánovas). Para ver una semblanza de esos años es necesario decir que dentro de España las tendencias del anarquismo bakunista unidas a las del sindicalismo revolucionario de los anarquistas franceses, cuajaron en organizaciones obreras de inspiración anarquistas. En 1904, se constituyó en Barcelona Solidaridad Obrera, de carácter local, que agrupaba más de 50 sociedades. En 1907, comenzó a publicar el semanario del mismo nombre y se convirtió en la Federación Regional que celebró su congreso en 1908 con representantes de 130 sociedades. Este será el germen de la CNT. La cual fue fundada en 1910, con una línea más sindicalista y que años después, tendrá gran aceptación por la clase obrera.

            Los orígenes del Partido Socialista Obrero Español, son necesarios buscarlos en los restos de la Nueva Federación Madrileña, formada por los socialistas de tendencias marxistas, expulsados por la mayoría anarquista. El 2 de mayo de 1872, en Madrid 25 componentes del grupo del Arte de Imprimir crean el Partido Socialista Obrero Español. Se nombró secretario a Pablo Iglesias. Los primeros años del joven partido están marcados por las ideas de Iglesias y las de Mora, no siempre coincidentes  y será necesario esperar a al programa redactado en 1888 para encontrar una presencia dominante de rigidez marxista. Pero los años siguientes están marcados por las dos corrientes dentro del partido, el socialismo barcelonés de Mora que pretende un acercamiento a los sindicalistas catalanes y conseguir mejoras para los obreros por parte de los gobiernos y por otro lado la actitud más rígidamente marxista del grupo madrileño dirigido principalmente por Iglesias. La estrategia del partido fundado por Iglesias en su versión madrileña seguirá cada vez más una estrategia marxista y criticará duramente los intentos de la rama catalana de acercamiento a otros partidos.

         Ambos grupos tendrán sus órganos de expresión El Vapor y el Socialista. Con la ley de Asociaciones de 1887, se dio paso a la creación de sindicatos obreros dentro de la legalidad, aun cuando existían poderosas trabas o posibilidades restrictivas en determinados artículos del Código Penal y, sobre todo, la ley chocaba con la ausencia de sufragio universal (que no sería promulgado hasta tres años después).

               La coyuntura favorable fue rápidamente aprovechada por el grupo socialista, para crear la Unión General de Trabajadores ( UGT ), cuyo acto fundacional tuvo lugar en Barcelona en 1888, coincidiendo con la celebración de la Exposición Internacional. Bajo el impulso de Pablo Iglesias, la UGT se desarrolló ampliamente, sobre todo entre los medios obreros de Madrid y del País Vasco.

           La lucha por las mejoras salariales, tanto en el campo como en la industria, se acrecentó en la década de los 90, al tiempo que la reivindicación de una jornada laboral de ocho horas aglutinaba al movimiento obrero en torno a la fecha simbólica del 1 de Mayo. A finales de siglo la UGT tenía más de 15.000 afiliados. Los anarquistas,  por su parte, aglutinaban unas 200 sociedades en Cataluña. Valencia y Andalucía principalmente.  Quedaban así configuradas las dos tendencias del sindicalismo español revolucionario.

              Pablo Iglesias (1858-1925). Fue el fundador del Partido Socialista Obrero Español y de la Unión General de Trabajadores, y se afilió a la 1ª Internacional. Impresor de profesión, fundó en 1885 el periódico el Socialista y se declaró enemigo de la violencia criticando los atentados terroristas y las torturas de los detenidos. Fue el primer diputado socialista en 1910.    

8.- Regionalismo y Nacionalismo.

       La experiencia de la República Federal en 1873, cuya constitución proponía una federación libre de 17 estados, la lucha de los carlistas por las libertades forales  la herencia del romanticismo revolucionario hacían flaquear la unidad española.

Nacionalismo Catalán: El evidente desarrollo económico de Cataluña en relación  con las demás regiones españolas contribuyó a la formación de una burguesía diferenciada, que hizo suyos los postulados nacionalistas del siglo XIX, apoyándose en el renacimiento cultural de la lengua catalán. Las reivindicaciones regionalistas marcharan, desde finales de siglo, paralelas  a otras dos cuestiones: el deseo de ruptura con el sistema turnista de la Restauración y el afán proteccionistas para la industria textil

Las Bases de Manresa y la Lliga Regionalista. Estas tendencias se recogen el las llamadas Bases de Manresa, mediante las cuales la burguesía e intelectualidad catalanas presentan los puntos básicos del catalanismo: federalismo conservador, regionalismo foralista, autonomía política, con una clase dirigente que será la propia burguesía.

       A partir de 1901 estas orientaciones cuajan en la Lliga Regionalista, un partido que tendrá amplia actuación política y que aglutinará en su seno no sólo a burgueses, sino también a campesinos, pero no se extenderá entre los obreros por la falta de contenido social de su programa-

          Las dos grandes figuras de la Lliga serían Prat de la Riba y Francesc Cambó. Prat de la Riba, autor de La nacionalitat catalana, donde expone los principios básicos de la aspiración autonómica  de Cataluña, realizó una importante labor de desarrollo interno desde su puesto de presidente de la Diputación Provincial de Barcelona, no sólo en el ámbito de la economía y los servicios públicos, sino también en el de la cultura (creó el instituto de estudios catalanes en 1907 )

       Su impulso contribuyó a la creación de la Mancomunidad de Cataluña, organismo regional que funcionó de 1914 a 1925 con gran eficacia, a pesar de la muerte de Prat en 1917. La Mancomunidad fue un gobierno regional de las cuatro provincias catalanas con fines exclusivamente administrativos, realizando una gran labor en este campo (obras públicas, transportes, servicios ) y en el cultural.

         Solidaritat Catalana. La viveza del catalanismo, que no se trataba de ser una negación de España, sino que pretendía presentar la diferenciación entre Cataluña y las formas sociales y económicas del Estado centralizador, quedó patente con la fundación de Solidaritad Catalana, una amplia coalición de partidos de Cataluña, que incluyó en principio desde carlistas a republicanos( excepto los radicales de Lerroux ). Solidaritad obtuvo un gran éxito en las elecciones de 1907, lo que permitió la participación activa de los políticos catalanistas en la oposición política.

          Cambó. Las tensiones provocadas por la Primera guerra mundial y el agravamiento de los problemas sociales y económicos llevarán a la burguesía catalana a participar, en un primer momento, en la crisis de 1917, que fracasa. A partir de entonces la Lliga, representada por Cambó, colabora activamente en la política nacional y la alta burguesía catalana reclama la ayuda del gobierno central para acabar con la agitación anarco-sindicalista. A la cuestión regionalista hay que añadir estos años en Cataluña un amplio movimiento obrero y una fuerte actividad terrorista, que determinarán la solución dictatorial de Primo de Rivera.

 Nacionalismo Vasco: Con menos fuerza que el catalán. Tuvo sus orígenes en Vizcaya cuando Sabino Arana  publicó su libro Vizkaya por su independencia, que influyó en la formación de la primera sociedad nacionalista en Euskadi: “Euskaldum Batzokija” , que tenía, en principio, un carácter sólo recreativo. La existencia de los Fueros y de una lengua diferente eran, para Arana, una prueba de la existencia de la nacionalidad vasca. Defendía una sociedad de tipo patriarcal, atacando a la alta burguesía industrial vasca y, en general, a la sociedad industrial, prefiriendo  una sociedad rural que él imaginaba  como idílica. En 1887 se fundó el Partido Nacionalista Vasco ( PNV ), que atrajo a importantes capas de la pequeña y mediana burguesía rural y a algunos profesionales de Bilbao. A la muerte de Arana, despojado  el nacionalismo vasco de su radicalismo, y de su mentalidad rural y extraordinariamente conservadora, se extendió con rapidez a zonas de Guipúzcoa y, en menor medida, de Álava.

Nacionalismo Gallego,Rexurdimento”, cristalizó a partir de 1889. Se configuró como una respuesta al subdesarrollo cultural y económico del país y fue apoyado por los intelectuales, que empezaron a escribir en lengua gallega. Manuel Murguía, líder político del movimiento, creó la Asociación Regionalista Gallega de tendencia tradicional, que tuvo su sede en Santiago. Alfredo Brañas, principal ideólogo del movimiento, publicó su libro, El Regionalismo, en el que se resumían las aspiraciones del regionalismo gallego. En cualquier caso, la implantación política de este movimiento fue de menor extensión que la del nacionalismo catalán.

Nacionalismo Andaluz. En Andalucía el pensamiento nacionalista está vinculado al regeneracionismo de principios de siglo en la obra de Blas Infante, autor de El ideal andaluz (1915), que impulsa los primeros congresos andalucistas.

9.- El desastre colonial y la crisis del 98

 

 Aspectos de la crisis: Los últimos años del siglo XIX coinciden con el final del primer período de la Restauración y durante ellos se advierte la incidencia de una grave crisis de triple aspecto: crisis económica, crisis social, crisis internacional, todo lo cual está íntimamente relacionado con una crisis interna del mecanismo de la Restauración.

    Mientras Europa sufría una crisis económica, España vivió, entre 1876 y1886, un período de esplendor económico, especialmente Cataluña, donde se le dio el nombre de “fiebre del oro”. Estos años coinciden con el período más brillante y aparentemente seguro de la Restauración, pero cuando Europa se recupera y España tiene que realizar un reajuste de su sistema comercial, se inicia la crisis, caracterizada por la inflación, la depreciación de la moneda y la disminución del comercio exterior.

    La crisis económica repercute en el campo social (paro, huelgas, terrorismo anarquista). El terrorismo anarquista llegó a convertirse en un grave problema: 1893, bomba del Liceo de Barcelona, y sangriento motín en Jerez; 1897, asesinato de Cánovas del Castillo por un anarquista italiano.

     La crisis de relaciones internacionales viene marcada por la política aislacionista que había propugnado Cánovas, para evitar que España se viera envuelta en conflictos internacionales. Mientras Europa se lanza de lleno a una política imperialista colonial, España no puede mantener su dominio sobre las posesiones del Pacífico (islas Carolinas, Marianas, Palaos, vendidas a Alemania en 1899) y, sobre todo, se encuentra aislada frente a Cuba.

La guerra de Cuba: el 98.Casi al mismo tiempo estalla en Cuba (1895: grito de Baire ) y en Filipinas (1896) un movimiento emancipador que, a través de un proceso bélico, desemboca en la pérdida de los últimos territorios coloniales de España. A pesar de la poca extensión de estas islas, sus productos (azúcar, café, tabaco ) eran de gran interés para el comercio español, que además encontraba en las colonias, especialmente en Cuba, un mercado favorable para los productos peninsulares.

- El proyecto de autonomía y la insurrección separatista. Las promesas hechas por el gobierno español  en el Convenio de Zanjón no se llegaron a cumplir, en gran parte porque la oligarquía económica de Cuba quería evitar cualquier posibilidad de autonomía de la isla. Tanto es así que un proyecto de autonomía para Cuba, Puerto Rico y Filipinas presentado por Antonio Maura, ministro de Ultramar, fue duramente atacado tanto en Cuba como en España, viéndose obligado a dimitir. Sin embargo, dos años después se advierte que existe menos interés en mantener la unión con España por parte de la oligarquía azucarera (en decadencia a consecuencia de la competencia de la caña norteamericana y de la remolacha europea). Pero cuando se inicia, por fin, un proyecto de autonomía, estalla la insurrección separatista, cuyos dirigentes, Maceo, José Martí, sin conexión con la oligarquía dominante, extienden una implacable guerra de guerrillas.

- La intervención de Estados Unidos. El general Martínez Campos, que había intentado inútilmente la negociación, fue sustituido por el general Weyler, cuya energía política (obligación de los campesinos de concentrarse en las ciudades para desmantelar las guerrillas) llevaba a la isla a la ruina. Una comisión norteamericana protestó en España por estas medidas. Anteriormente, Estados Unidos había mostrado interés en intervenir en el ámbito del Caribe por motivos económicos (compra de azúcar, creación de plantaciones, apertura de mercados para sus productos) e incluso habían realizado gestiones para comparar la isla de Cuba. En contrapartida, en España, los políticos, la prensa y las masas eran partidarios  en su inmensa mayoría de defender a toda costa la unión de Cuba a la metrópoli y se creaba  un ambiente hostil a Estados Unidos, cuya potencia económica y militar se desconocía y minimizaba.

        A principios de 1898 un hecho fortuito, la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana, que Estados Unidos había enviado para proteger a sus súbditos, fue manipulado por la prensa norteamericana y considerado por el gobierno de este país un atentado y declaró la guerra a España.

         España acudió a la guerra sin ninguna alianza internacional y sin una preparación adecuada, y pronto quedaría demostrada su inferioridad naval frente a la moderna flota estadounidense.

     La guerra tuvo dos frentes: Cuba, en el Caribe, y Filipinas; desde 1871 existían movimiento nacionalistas que propugnaban la independencia del archipiélago. La insurrección de 1896 fue pronto dominada, pero al estallar la guerra entre España y Estados Unidos la flota norteamericana del Pacífico se presentó  ante Filipinas y destruyó la escuadra española en Cavite ( finales de abril de 1898 ).

        Sin tener en cuenta este trágico aviso, el gobierno ordenó a la flota que se encontraba en Cabo Verde, al mando del almirante Cervera, que se dirigiera a Puerto Rico. Al llegar al Caribe, la flota se dirigió para repostar a Santiago de Cuba. En Santiago sufrió la escuadra española una derrota definitiva frente a los barcos norteamericanos, blindados y con cañones de mayor alcance. El balance de la batalla fue la pérdida total de los barcos y 253 muertos, entre ellos el almirante Cervera. España tuvo que aceptar la mediación ofrecida por Francia y pedir la paz.

       Por la paz de París España renunciaba a la soberanía de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la isla de  Güam. Era el fin definitivo del imperio español.

         Esta derrota dio lugar a un enorme agravamiento de la crisis del ‘98, y creó un clima de pesimismo entre sectores de la intelectualidad y grupos de políticos que les llevó a una crítica del sistema y al surgimiento de una idea de regeneración del país, mediante el saneamiento de la Hacienda, el aumento de la riqueza, la extensión de la enseñanza pública y otras propuestas de carácter general.

10.- La guerra de Marruecos y sus implicaciones sociopolíticas.    

      La ocupación de Marruecos es necesaria encuadrarla en la época del gran colonialismo europeo y en el caso español, en la necesidad de un campo de acción  para su ejército hipertrofiado de generales, jefes y oficiales. Para ello se presentaba Marruecos como un territorio fácil de conquistar, solo era necesario llega a un acuerdo con las potencias que tenían ambiciones en la zona. España conseguirá una zona, gracias a la Gran Bretaña, la cual ve la ventaja de ceder una zona a España, con la condición de no poder  fortificar la costa de Melilla, esto es necesario comprenderlo diciendo simplemente que G. Bretaña, prefería la costa cercana al estrecho de Gibraltar en manos de un país débil como España, que en uno fuerte como Francia, puesto que ello  haría peligrar su dominio sobre el estrecho. Francia consideró la ventaja de ceder esos terrenos a España, a cambio de un acuerdo general  de reparto del mundo con G. Bretaña. Por ello se llegó a un acuerdo secreto para el reparto, pero la intervención en Marruecos del  Kaiser Guillermo, dio lugar a la Conferencia de Algeciras en 1906, donde España recibió una franja de territorio que por el norte se extendía desde Mululuya y el Lucus hasta el paralelo 35º y el Atlántico, y por el sur desde el Vad Arad hasta el paralelo 37· 40º. Tánger se internacionalizó y se convirtió en centro extranjero. Un Jalifa representaría al Sultán y ejercería la autoridad nominal en Tetuán, mientras que España tendría como delegado un Alto Comisario.

      Pero la ocupación de Marruecos no iba a ser tarea fácil, puesto que no solo contaría con la oposición de los habitantes de la zona, que en su mayoría no obedecían la autoridad del sultán, sino con la gran oposición de la izquierdas española, que no encontraban justificación para una guerra colonial. La guerra comienza en 1909, cuando el gobierno español comenzó a construir un ferrocarril para extraer el mineral de las Minas de Beni-Buifrur, cerca de Melilla, esto se estaba realizando sin la autorización de la Cábilas rifeñas, para lo cual se encontraban  tropas españolas con la misión de proteger a los trabajadores del ferrocarril; pero el gobierno esperó al ataque y asesinato de los trabajadores y con esta excusa comenzar la guerra con Marruecos.  Los rifeños se atrincheraron el monte del Gurugú, próximo a Melilla. Ante los acontecimientos Maura llamó a filas a 40.000 reservistas, lo que hizo estallar en Barcelona una semana de protesta continua. Mientras en Barranco del Lobo, el 27 de julio de 1909, perdieron la vida en una emboscada 21 jefes y oficiales y 150 soldados. Las tropas españolas, tras el desastre del Barranco del Lobo, ocuparon Nador, Zeluán y el Gurugú, pero la cuestión marroquí no se solucionó.

      A partir de 1920 las cabilas rifeñas encontrarán en Abd-el-krim el líder que supo unirlas y utilizar la guerrilla como desgaste del ejército español. Existían dos comandancias, la occidental en Ceuta y la oriental en Melilla, separadas por la bahía de Alhucemas. Dámaso Berenguer, el nuevo alto comisario, conquistó el oeste de la ciudad de Xauen. En Melilla estaba el general Silvestre quien, sin contar con el Estado Mayor (el estorbo mayor, como él mismo lo llamaba) ni con Berenguer, decidió dominar Alhucemas pero sufrió una gran derrota en Annual en 1921. Las tribus de Abd-el-Krim causaron más de 12.000 bajas y se apoderaron de 14.000 fusiles, 1000 ametralladoras y 115 piezas de artillería. En pocos días se perdieron 5000 kilómetros cuadrados y la propia Melilla estuvo en peligro.

      El general Berenguer comenzó a reconquistar el territorio pero fue sustituido por Burguete en 1922, quien puso en marcha una política de soborno a las cabilas. Los jóvenes que habían hecho su carrera militar durante esos años, como Millán Astray (fundador de la Legión ), Franco o Sanjurjo, se opusieron  a estas actitudes. Eran la representación de los guerreros y planteaban la confrontación hasta la victoria total.

      Después de Annual se exigieron responsabilidades e incluso  se insinuó la del mismo rey. En agosto de 1921 se encargó al general Picasso abrir un expediente gubernativo que clarificara los hechos. Nunca llegó a verse, por el golpe de estado de Primo de Rivera.

      La guerra de Marruecos finalizará bajo la dictadura de Primo de Rivera.

Implicaciones  Sociopolíticas.

      La guerra de Marruecos se desarrolló bajo los gobiernos de principios de siglo, donde imperaban una serie de problemas políticos y sociales ya estudiados. Pero nunca fue una guerra popular sino muy al contrario fue considerada por la gran masa de la  población como una guerra inútil, para satisfacer las ambiciones de los privilegiados. Cuando comenzaron los altercados en 1909, los socialistas fueron categóricos, considerando que los enemigos era el gobierno y no los marroquíes que solo defendían sus hogares. La burguesía liberal enemiga de una aventura militar, se preguntaba con que fin íbamos a Marruecos, puesto que demostró en la prensa (Leopoldo Romero) que nuestro comercio con Marruecos era ridículo. Efectivamente los ánimos estaban caldeados y estallaron en Barcelona en julio, con la negativa de los reservistas a marchar a Marruecos, ello derivó en una serie de huelgas y manifestaciones por el país, incluso el rey fue silbado en su visita a un cuartel. Ello dio lugar a la huelga general, que se extendió por parte del país y que revistió especial virulencia en Barcelona. Conocemos esta  huelga con “La Semana Trágica”, puesto que los obreros tomaron las calles de Barcelona  y fueron dominados por la fuerza, con un triste balance de muertos y heridos. Ante el rechazo a incorporase a filas para ir a una guerra impopular, salieron a la luz  las condiciones de vida de las familias obreras que no podían desprenderse de nadie si querían mantener un nivel mínimo de salarios para alimentarse.  La huelga y las protestas fueron  aplastadas por la guardia y el ejercito y como nota clara de la brutalidad del gobierno tenemos la ejecución en 13 de octubre de Ferrer Guardia (fundador de la Escuela Moderna, centro de enseñanza laica y racionalista) el cual con un proceso sin garantías jurídicas y sin detenimiento fue considerado culpable  de desordenes graves. Ello aisló el régimen de Alfonso XII. Las manifestaciones de protestas fueron tan grandes que hizo caer al gobierno de Maura.                  

      A lo largo del período de Canalejas, este también se tuvo que enfrentar a las protestas por las campañas de Marruecos, aunque dio una ley quitando la posibilidad de no ir a la guerra pagando una cierta cantidad de dinero, pero creó los soldados de cuota, que por un pago en metálico reducían el servicio cinco o diez meses.

       Como colofón el desastre de Annual en 1921, que implicó al propio rey fue una de las razones del golpe de Estado.

11.- La descomposición del sistema canovista y las tensiones de 1917.

      El reinado personal de Alfonso XIII comenzó en 1902. Este período se inicia como continuación del anterior, pero con una serie de problemas que se pueden resumir en

a)      Desgaste de los dos partido que se turnan en el poder.

b)      Escasa participación del país, en un juego político limpio.

c)      Ambiente de pesimismo por el desastre de 1898.

      Durante el reinado, se ensayaron dos sistemas regeneracionistas, uno de carácter conservador y otro liberal. El primero fue liderado por el político mallorquín Antonio Maura que cubrió el periodo de 1904 a 1909. Intentó acabar con el caciquismo y atraer a la pequeña burguesía al juego político. Fue un reformismo autoritario que respondió a la célebre frase: “ O hacemos la revolución desde arriba.... o nos la hacen desde abajo.” La política social no satisfizo las aspiraciones de la clase obrera. El régimen maurista tuvo la oposición de las izquierdas no sólo en las Cortes, sino en la calle. Las organizaciones obreras, socialistas y anarquistas, lucharon por sus intereses, llegándose a momentos de gran tensión como el de la  “Semana Trágica de Barcelona”. El motivo inmediato del movimiento fue el descontento  producido por el embarque de tropas destinadas a Melilla, pero en el fondo había un rechazo de la política de Maura.       Los hechos provocaron la caída del gobierno de Maura.

Entre 1910 y 1914, se producía unaa segunda experiencia regeneracionista de carácter liberal, encabezada por José Canalejas. El progresismo de Canalejas intentaba recuperar parte de los principios de la revolución de 1868. Inició una política de descentralización que permitió la creación de la Mancomunitat de Cataluya bajo la presidencia de Prat de la Riba. Igualmente actuó contra el clericalismo, pero dentro de los límites del Concordato, acallando así las corrientes anticlericales, tan activas en sectores  de izquierdas. Su muerte en 1912, asesinado por un anarquista, frustró la posibilidad de una regeneración del sistema y precipitó la desintegración de la monarquía parlamentaria, atacada por fuerzas dispares: burguesía, ejército y proletariado. Situación que condujo a la grave crisis de 1917.

Tensiones de 1917.

      En 1917, se pusieron de manifiesto todos los graves problemas del periodo constitucional iniciado en 1876. A todo lo anteriormente dicho es necesario sumar las secuelas de la 1ª Guerra mundial, que había desencadenado en algunos Estados tendencias antiparlamentarias y revolucionarias de las que España no quedaría al margen. Los deseos de cambio en la situación política y social española fueron en aumento.

      Ante la reiterada negativa del gobierno a convocar Cortes parra  producir una  reforma constitucional, los políticos de Cataluña tomaron la iniciativa de reunir en Barcelona (julio de 1917) una “Asamblea de Parlamentarios” de toda España, con el propósito de iniciar una reforma constitucional a fondo. En este mismo año se produjo un movimiento militar de protesta, las “Juntas Militares de Defensa” (JMD) que agrupaban a parte de la oficialidad descontenta. Las JMD se constituyeron en portavoces del ejército ante el gobierno: querían asumir el control de los ascensos y reivindicaban la mejora de sus condiciones profesionales. En el verano de 1917, la conflictividad social se puso de manifiesto en la convocatoria de huelga general, iniciada por los ferroviarios valencianos y promovida por los sindicatos UGT (Unión General de Trabajadores) y CNT (Confederación Nacional del Trabajo). Junto a reivindicaciones laborales (jornada de siete horas, salario mínimo de cuatro pesetas al día, prohibición del trabajo a los menores de catorce años....) pedían la supresión de la Monarquía y la instauración de un gobierno republicano.

      La coincidencia en el verano de 1917 de estos tres conflictos (la Asamblea Parlamentaria, las Juntas Militares de Defensa y la huelga general ) permite valorar la tensa situación política que vivía España: militares, sectores políticos y la clase obrera coincidían en la necesidad del cambio. Pero la violencia provocada por la huelga general llevó al ejército a ponerse del lado del gobierno. La propuesta de cambios de 1917, que parecía conducir a una reforma constitucional, fracasó. La solución a la crisis se buscó en “gobiernos de concentración”, que agrupaban a personalidades de distintas tendencias, dando entrada en el mismo a los regionalistas catalanes, acaudillados por Cambó; pero tampoco se consiguió la estabilidad política. Entre 1917 y 1923 hubo tres crisis totales de gobierno, al mismo tiempo que la conflictividad social iba en aumento y se extendía a las zonas agrarias: la huelga de los jornaleros andaluces paralizó la recogida de la cosecha durante tres años consecutivos y, de forma violenta, procedieron a la ocupación y reparto de tierras.. El triunfo de la Revolución en Rusia influyó sobre los partidos socialistas europeos; un sector del partido se escindió del PSOE, formando el Partido Comunista de España (1921).

      La  respuesta del  gobierno a los graves conflictos sociales fue la promulgación de  “la  Ley  de Fugas” (disparar contra los detenidos si huían), la aparición de sindicatos antirrevolucionarios y la creación de cuerpos de seguridad (contratados por particulares). Durante dos años (1921-1923) el terrorismo imperó en el país, pistoleros anarco-sindicalistas se enfrentaban a pistoleros a sueldo de la patronal sin que la policía ni el ejército interviniesen.

      Un último acontecimiento vino a deteriorar aún más la situación: el desastre militar de Annual (Marruecos, 1921) en el que perdieron la vida más de 12.000 soldados españoles. Las responsabilidades del desastre alcanzaron incluso al Rey y, como respuesta a esta crítica situación, algunos sectores del ejército decidieron hacerse con el poder. El pronunciamiento militar de 1923, dirigido por el general Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, puso fin a la Constitución de 1876.  El rey Alfonso XIII  encargó a Primo de Rivera la formación  del gobierno a espaldas del Parlamento.

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 © Javier de la Hera Rosado 1999-2009